Desarrollo del Liderazgo

La luciernaga y la vibora

Abelardo Cruz Beauregard

abril 06, 2017
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En un paraje de un extenso jardín, se encontraba una tarde una víbora tomando los últimos rayos del sol. Súbitamente, apareció volando una luciérnaga, con su cuerpo todo encendido, dando vueltas alrededor del mencionado reptil. Este se despertó de mal humor por haber sido interrumpido su sueño y trato de cazar a la luciérnaga. Lo intentó una y otra vez, pero la veloz luciérnaga esquivaba los mordiscos del animal.

Sin darse cuenta, la víbora arrinconó en una esquina a la luciérnaga y ésta ante la incapacidad de escapar decidió enfrentar a su agresor.

Enfrentándose a la víbora, la luciérnaga le dijo: - Antes de que me comas sólo contéstame tres preguntas -.

 La víbora respondió: - Hazlas antes de que te devore -.

- ¿Soy yo de tu línea de alimentación? -

La víbora contestó: - No, no lo eres -.

- ¿Te he hecho algo? -

La víbora volvió a contestar: - No, no me has hecho nada -.

- ¿Por qué me quieres comer? -

 - Porque brillas demasiado -.

Si aplicamos la lección anterior a nuestra vida social, caeremos en el pecado de la envidia. Cuando alguien no brilla como otra persona, trata inmediatamente de quitarlo de enfrente. De este pecado se origina la crítica, el condenar y el quejarse.

Si procedemos por el lado del reconocimiento la situación cambia. Si alguien brilla por una habilidad, conocimiento o destreza, en lugar de proceder como la víbora, reconozcamos los valores y cualidades de la persona para que ésta disfrute de ese momento de reconocimiento. Con ello hacemos crecer a la persona y, en cierta forma, crecemos también nosotros.

 

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