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Blog Dale Carnegie Nuevo León

Dale Carnegie Nuevo Leon

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La luciernaga y la vibora

En un paraje de un extenso jardín, se encontraba una tarde una víbora tomando los últimos rayos del sol. Súbitamente, apareció volando una luciérnaga, con su cuerpo todo encendido, dando vueltas alrededor del mencionado reptil. Este se despertó de mal humor por haber sido interrumpido su sueño y trato de cazar a la luciérnaga. Lo intentó una y otra vez, pero la veloz luciérnaga esquivaba los mordiscos del animal.

Sin darse cuenta, la víbora arrinconó en una esquina a la luciérnaga y ésta ante la incapacidad de escapar decidió enfrentar a su agresor.

Enfrentándose a la víbora, la luciérnaga le dijo: - Antes de que me comas sólo contéstame tres preguntas -.

 La víbora respondió: - Hazlas antes de que te devore -.

- ¿Soy yo de tu línea de alimentación? -

La víbora contestó: - No, no lo eres -.

- ¿Te he hecho algo? -

La víbora volvió a contestar: - No, no me has hecho nada -.

- ¿Por qué me quieres comer? -

 - Porque brillas demasiado -.

Si aplicamos la lección anterior a nuestra vida social, caeremos en el pecado de la envidia. Cuando alguien no brilla como otra persona, trata inmediatamente de quitarlo de enfrente. De este pecado se origina la crítica, el condenar y el quejarse.

Si procedemos por el lado del reconocimiento la situación cambia. Si alguien brilla por una habilidad, conocimiento o destreza, en lugar de proceder como la víbora, reconozcamos los valores y cualidades de la persona para que ésta disfrute de ese momento de reconocimiento. Con ello hacemos crecer a la persona y, en cierta forma, crecemos también nosotros.

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El Triangulo del Exito

El éxito es algo que prácticamente todos buscamos. Queremos triunfar como vendedores, como gerentes, como líderes de equipo, etc. Podríamos decir que la palabra éxito es algo que al ser humano le atrae sobremanera.

Pero, antes de continuar, necesitaríamos saber qué es el éxito. Éxito es lograr lo que uno se propone. Es una definición muy conocida en nuestro mundo empresarial. Viene de Exitum.

De la definición antes mencionada se desprende otra pregunta: ¿Cómo logro alcanzar todo lo que quiero?

El ser humano en esta época industrial y de tantos cambios tecnológicos, cuenta para salir adelante con sus conocimientos, los cuales adquiere en escuelas y universidades de prestigio o aún en el extranjero. Los conocimientos así asimilados le conceden el pasaporte al mundo del trabajo.

Ya dentro del mundo del trabajo, ¿de qué forma ascendemos y mejoramos de puesto? Para ello contamos con nuestros conocimientos, nuestras actitudes o reacciones hacia nosotros mismos y hacia los demás. Es frecuente que siendo el primer trabajo con que contamos, no sepamos obedecer instrucciones y órdenes, amén de estar muy reducida nuestra capacidad de ordenar por la falta de experiencia en el puesto o la timidez que nos posea.

Lo anterior se deriva de un problema de autoconocimiento, que se traduce en falta de autodirección, creando con ello situaciones en las cuales los conocimientos no son suficientes para salir adelante.

Durante la práctica de nuestro puesto en la empresa, no solo debemos obedecer y hacer tareas y proyectos, tenemos que ingeniarnos en la forma de llevarlos a cabo. Para ello recurrimos al trabajo en equipo, la imaginación, nuestra habilidad de comunicarnos con los demás, de hacer planes para lograr lo solicitado, etc. Caemos en el renglón de habilidades personales, las cuales podrán abrirnos las puertas de nuevas áreas de trabajo.

Los conceptos arriba descritos nos traen a la mente los catetos del triángulo del éxito. Necesitamos los conocimientos básicos para entrar al mundo del trabajo, con escuela y universidad; nuestra vida interior que se refleja en nuestras actitudes, que deberíamos controlarlas en forma adecuada; y deberíamos explotar al máximo nuestras habilidades personales para abrirnos paso en nuevos niveles de la organización.

Sólo el estudio no sería suficiente para escalar nuevos puestos. El conocimiento tecnológico se puede comprar. Nuestro carácter también ocupa un lugar muy importante, ya que es la manera en que nos vendemos. Las habilidades son aquellos rasgos que expresan nuestro liderazgo.

En esta época de tanto cambio tecnológico, el cateto del triángulo del éxito que nos habla de conocimiento, debe ser actualizado constantemente, en función de los cambios que se registren. Las actitudes personales influyen mucho y en ocasiones se deterioran debido al stress que la competencia tecnológica y económica nos presenta y las habilidades se apoyan mucho en el carácter de la persona y su decisión por ascender.

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Comprometidos con la Transformación

Escoger el cambio y enfocarlo en un propósito es una decisión que nos lleva por sendas de descubrimiento y satisfacción imposibles de conocer si nos quedamos apegados a una manera de ser y hacer las cosas.

Así es como en Dale Carnegie Training por más de 100 años nos hemos comprometido a ayudar a las personas y las organizaciones para que emprendan su camino hacia un crecimiento auténtico y sostenido, basado en el reconocimiento del valor del ser humano y su potencial ilimitado de transformación.

Elevar la productividad de las empresas y disminuir la rotación de personal, entre otros, no son cambios que “suceden”, sino el tipo resultados que las personas pueden lograr a través de las personas mediante relaciones interpersonales de calidad, comunicación eficaz y liderazgo centrado en soluciones.

Al cabo de años de ser testigos de logros individuales y colectivos, nosotros, como organización, hemos emprendido nuestra propia transformación. Nos mantenemos fieles a los principios que Dale Carnegie plasmó en sus libros “Cómo ganar amigos e influir sobre las personas” y “Cómo suprimir las preocupaciones y disfrutar de la vida” y otras de sus obras, al tiempo que hacemos más ligera nuestra imagen institucional. Es un cambio que se observará de manera progresiva, tal como lo viven los participantes en nuestros programas de formación, pues la transformación viene de adentro hacia afuera y se consolida en el quehacer diario.

Seguiremos acompañando a nuestros clientes para construir juntos nuevos momentos determinantes y transformar sus resultados en éxitos.

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Querer, saber y saber hacer

En cada propósito que nos hacemos debemos iniciar con la actitud de querer o deber llevarlo a cabo. En ocasiones, hay que hacer cosas que nos desagradan, pero debemos hacerlas. No basta querer hacer algo, conviene antes de emprender algo enterarnos de todo lo que tiene que ver con el propósito, aprender cuanto se pueda. Querer hacer algo y conocer todo lo concerniente no nos permite hacerlo bien. 

Lo anterior viene al caso de un caso que viví recién terminada mi carrera de Ingeniero Civil en la UNAM. Se me pidió, por parte de la dirección de la empresa donde laboraba, que diseñara y construyera una cochera para dos autos. Se me puso en contacto con el contratista para ver los detalles de la construcción. Raudo procedí a diseñar las cargas y hacer el diseño del concreto.

Entrevisté al contratista para darle las instrucciones correspondientes. Este vio el diseño del acero y de la loza y me dijo:

"Mire, güerito, ¿cuántas lozas como ésta ha construido?"

Mi contestación fue breve: "Ninguna".

Él dijo: "¿Por qué no me deja hacerla como sé? Le ofrezco que no se caerá. He construido cientos de ellas en mi vida como maestro albañil".

Convenimos que así fuera aunque mi orgullo de ingeniero recién graduado me aconsejara lo contrario. La loza se construyó, no se cayó y en la actualidad, pasados muchos años, se mantiene en pie.

¿Qué sucedió? Bueno, tenía la actitud, sabía de qué se trataba, pero no tenía la práctica adecuada.

La práctica no hace la perfección, pero sí la permanencia.

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